Llover
Ni de pelígro había una sombrilla en mi maleta y cuando llovía siempre terminaba empapada… llegaba como un pato a la casa o a la oficina. Me gustaba mojarme.
Ahora hay cartera y dentro de ella una sombrilla, en el último cajón del escritorio unas botas machita y un repuesto de medias de lana. Los años no viene solos.